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Se un buen padre transmite alegría

Para ser un buen padre es necesario que  a tu hijo en la convivencia diaria. Ofrecer el mensaje de que lo quieres y disfrutar cuando estás junto a él.

1. Pasar tiempo con los hijos: las horas de comidas, cuando preparan la mochila para el cole, mientras juegan, cuando escuchamos música… Sencillamente, hay que encontrar tiempo para estar con ellos. Aunque tengamos muchas obligaciones y estas sean muy absorbentes y agobiantes, estar presentes en la vida de los peques es prioritario.

2. Ser un buen ejemplo: los padres son sus modelos, los chicos copian de ellos modos de ser, de afrontar y resolver, de relacionarse con las cosas, con los demás y consigo mismos. Así, muchas veces nos muestran nuestros propios defectos. Si al verlos, en lugar de enfadarnos, intentamos corregirnos y educar con el ejemplo, les enseñaremos a corregirse y mejoraremos nosotros también. Saberse un modelo y tratar de estar a la altura en la que nos ponen los hijos es muy positivo para todos.

3. Regala alegría: una infancia feliz es casi una garantía de una vida feliz, por lo menos favorece que en el futuro el niño tenga integridad emocional y buena salud mental. Llegar a casa con dulces, planificar una excursión en familia, contarles chistes para reírnos con ellos, jugar al escondite, contarles historias… este tipo de alegrías los chicos las reciben como algo más que un gesto, para ellos representan «lo bueno de la vida». Y estas cosas buenas son las que les fortalecen, les hacen más valientes y les dan armas para afrontar las dificultades propias del crecimiento o las circunstancias adversas.

4. Darles prioridad: cuando el peque es relegado en los intereses del padre, se refugia en la madre y se vuelve demasiado dependiente de ella. La principal función del papá es ayudar al hijo a sentirse seguro en el mundo más allá de los brazos de mamá, y para eso el pequeño debe sentir que es importante para papá. El vínculo con los hijos no es genético, es ético. Es el resultado de una decisión amorosa que hay que sostener día a día. Además, darles el primer lugar en nuestra vida nos hace a nosotros tan felices como a ellos.

5. Educar con cariño: disciplinarlos es una de forma de amarlos. Si les marcamos límites, si les negamos algo que nos piden pero no les conviene o nos oponemos a sus deseos porque no son razonables, será siempre por su bien, para ayudarles. No les educamos «para que no molesten a los mayores», sino para que sean felices.